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Enda en colombia

Responder a la crisis socio-ambiental de la ciudad desde la perspectiva de las comunidades es tarea titánica y compete al conjunto de los movimientos sociales y a sus organizaciones, que en el país resisten a los retos globales, como los tratados de libre comercio y la protesta contra la Organización Mundial del Comercio, la crisis alimentaria, la apropiación de los recursos genéticos en manos de las transnacionales,  u otros; encaran desafíos nacionales desde las plataformas de derechos humanos, las iniciativas de paz, el movimiento de mujeres frente a la guerra y frente a las violencias, las batallas de los trabajadores frente al crecimiento del desempleo;  enfrentan retos innovadores, como el Referendo por el Agua, la Campaña por el Derecho a la Alimentación, la Campaña por el Trabajo Decente, o la Campaña por el Derecho a la Salud, todos ellos en el marco de la privatización. Muchos de los movimientos sociales de la ciudad capital,  que todo lo centraliza, enfrentan las luchas globales y nacionales casi sin mirar a la ciudad y su hábitat, y desconocen que ella es, en sí misma, una región. Otros, crecientes, voltean sus ojos justamente al territorio, donde aprehenden conflictividades tangibles y proponen salidas concretas, teniendo como referentes los problemas globales y nacionales: un ir y venir entre los problemas macro y lo micro, lo estructural y lo  cotidiano. 

El ambientalismo bogotano, conformado en su mayoría por organizaciones sociales y no gubernamentales, reconoce la complejidad de la ciudad, donde toman forma los mandatos globales, con las especificidades del entorno bioecogeográfico que la soporta. ENDA es parte de esta nueva mirada que emerge y en la que confluyen, cada vez más, procesos urbano-rurales que se saben inter-actuantes e inter-dependientes; gana  en su acción territorial e incluye a aquellas expresiones organizativas que, si bien sencillas, viven la ciudad en esta perspectiva de confluencia, se nutren y contribuyen con otras en crecimiento y propósitos. 

ENDA, como expresión del ambientalismo, reconoce la importancia de las transformaciones culturales tejidas en el cambio de las relaciones de poder, en el reconocimiento del saber y del hacer del otro/a;  acondiciona su propia metodología para crear escenarios en donde dichas transformaciones sean posibles, convencida de que no solo los contenidos conceptuales comportan un propósito político y ético, y opta por incursionar en la vida cotidiana de las organizaciones, proponiendo construir poderes más concertados y colectivos, relaciones más equitativas y democráticas entre los seres humanos, entre sociedad y naturaleza. Y esto no es de poca monta: si algún obstáculo enfrentan los movimientos sociales, las formaciones políticas y el quehacer ambiental, es precisamente la interiorización de valores individualistas, utilitaristas, excluyentes, discriminatorios, que se reflejan en su propia fragmentación y en las dificultades cotidianas para construir solidaridad. 

ENDA es también consciente de la necesidad de ganar un enfoque de género para el ambientalismo -y específicamente para las organizaciones con las que trabaja-, que avance en la transformación de las relaciones entre hombres y mujeres hacia la igualdad y la equidad, que devele las condiciones de subordinación y discriminaciones frente a ellas, que intervenga decididamente en la erradicación de todas las formas de violencia en su contra  y que promueva y proteja sus derechos. El acercamiento entre los dos enfoques  -ambiental y de género- enfoques que dibujan en nuestros días una perspectiva emancipatoria, es hoy un reto para los movimientos ambientalistas y de mujeres. 

Es válida la pregunta de si esta situación logra romper el tejido social: la respuesta no es sencilla, dada la fragmentación y debilidad de los movimientos, organizaciones y comunidades; pero se logra permanecer con iniciativa e impulsar procesos denominados de resistencia. En la cotidianidad territorial se trabaja por protección de las redes sociales y afectivas, por la dignidad y la autonomía; se impulsan procesos ambientales, productivos y políticos, permeados casi todos por el enfoque de la exigibilidad y la justiciabilidad de los derechos.

ENDA enfatiza en la construcción cada vez más colectiva de sujetos políticos, que asumen el “modelo de democracia deliberativa como plataforma de acción en la esfera pública”, que se construyen “en la transformación de las relaciones de poder”,  y forman parte de procesos organizativos, conscientes de su búsqueda emancipatoria.

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